“Vayan donde están los blancos para que les echen el agua sobre la cabeza y
puedan ir al cielo”.
Ese fue el mensaje que la Virgen María le transmitió, en su propia lengua,
al cacique de los indios Coromotos y a su mujer, una mañana del año 1651.
Nuestros orígenes están llenos de una hermosura que admiró y cautivó a los
españoles y de forma especial a Cristóbal Colón y más tarde a Américo
Vespucio, descubridor italiano al servicio de España, cuyo nombre sirvió
para denominar el continente recién descubierto, América. Es en esta tierra
“bendita por Dios” donde se nos regala la aparición milagrosa de la Virgen
de Coromoto. Dígase bien “la única aparición de una imagen de Virgen en
tierras venezolanas. Concretamente en GUANARE, Pueblo de las Misiones de
los PP. Capuchinos en la Provincia y Gobierno de Guayana, situado á orilla
del río de su nombre.
Eran los primeros días del año de 1651 cuando un cacique, de la tribu de
los Coromotos, recio, fuerte y de muy mal humor de camino a la siembra
junto a su mujer y al atravesar un pequeño riachuelo ven a una hermosa
mujer que caminaba sobre las aguas. Ella le sonríe para decirles en su
propia lengua: “Vayan donde los blancos, para que le echen agua sobre la
cabeza y así ir al cielo” Aquí estamos en un contexto de misión donde el
bautismo es el primer paso para incorporarse y tener deseos de ser
enseñados en la religión.
Nos encontramos en tierras habitadas por los Coromotos una tribu que se
desplazaba entre Guanare y el Tocuyo. Tribu muy reducida que había huido a
la selva ante la presencia de los encomenderos españoles. Estos españoles
se dedicaban al cultivo y la ganadería cerca del río Guanaguanare. Juan
Sánchez era el hacendado quien de paso por el Tocuyo fue llamado por el
cacique para manifestarle que una Señora muy bella se le había aparecido y
que estaban dispuestos a hacerle caso en ir a echarse el agua para ir al
cielo. Juan Sánchez les promete que sí los llevaría la semana entrante.
Cumple lo prometido y recibe de las autoridades un mandato para que les
reparta tierras, los ubique y les enseñe la religión cristiana. Nos
encontramos en la explanada entre los ríos Tucupío (hoy Tucupido) y
Guanaguanare.
Pasado el tiempo el cacique, que en principio aceptaba todo de buena gana,
empezó a añorar la libertad de la selva y comenzó a apartarse de las
enseñanzas y menos recibir el bautismo. Llegado el 8 para la celebración
religiosa el cacique no asistió y se encerró en su choza. Es ahí cuando la
Señora se le aparece en la puerta del rancho con rayos de luz parecidos al
sol de mediodía. Luz que cegaba a los presentes. Hablo de presentes pues
estaban el cacique Coromoto, su cuñada la india Isabel y un niño de unos 12
años.
El cacique lleno de ira le gritó a la señora: "¿Por qué me persigues
así? Ya te puedes regresar a tu casa. Por ti dejé mis conucos y he venido
aquí a pasar trabajos". Estas palabras mortificaron a las mujeres y su
esposa le recriminó así: "No hables así a la bella mujer, ni tengas
tan mal corazón".
El cacique Coromoto montado en cólera, no aguantó más la mirada sonriente y
dulce de la "bella mujer". Se paró violentamente y tomó el arco y
amenazó a la señora: "Con matarte me dejarás de una vez".
Entonces, la señora penetró en la choza y el cacique se lanzó sobre ella
para sacarla. Fue en ese momento cuando la hermosa mujer dejó su gran
recuerdo amoroso: en una de las manos del cacique Coromoto, la cual estaba
cerrada, depositó su imagen, esa misma que veneramos en el Santuario de
Guanare.
El indio quedó mudo de terror, y al decirle su cuñada Isabel: "¿Qué te
ha pasado?". Le afirmó: "La tengo agarrada en la mano". Al
abrirla, apareció la diminuta estampa de la Señora con el niño. El cacique,
aún enojado, le dice "ahí te voy a quemar" y envolvió la
imagencita en una hoja y la escondió en el techo de paja de la choza.
El niño, hijo de Isabel, huyó del bohío hacia Soropo, para contarle todo a
Juan Sánchez. Éste un poco incrédulo para probar al niño lo mando a la
sabana a buscar dos mulas, las cuales trajo al instante. Ante esto acepto
ir a la casa del cacique y va en compañía de Bartolomé Sánchez, Juan
Cibrián y el niño.
Escondidos a unos metros de la choza dejan que el niño les traiga la
imagen. Al tomarla en sus manos Juan Sánchez reconoce que es la imagen de
la Virgen con el Niño Jesús. La guarda en un relicario de plata y parten
para Joropo donde quedaba su casa. La colocan en un altar y le prenden un
cabo de vela que debía de durar media hora, pero la velita alumbró varios
días. Al Párroco, Don Diego Lozano, narran lo sucedido, pero no les cree y
se regresan a la casa de Juan Sánchez para que la imagen permanezca allí
hasta el 1 de febrero de 1654
Vale la pena detenernos para hablar de esa reliquia que quedó en las manos
del cacique. Ocurrió el 8 de septiembre del año de 1652. Es muy pequeña,
ovalada como una moneda. “La milagrosa imagen representa a la Virgen con el
Niño Jesús quien aparece sentado sobre sus rodillas; con la mano derecha
levantada, bendice y con la izquierda sostiene el mundo, representado por
una bola dominada con una cruz.
La Virgen con la cabeza recta y la vista al frente, da la impresión de
estar sentada debajo de dos pilares delgados. Tiene sobre la cabeza una
corona real y un velo blanco. El manto que lleva es carmesí morado y le
cubre las espaldas, ondula por delante y se une por detrás del Niño,
dejando tan sólo descubiertas las manos de la Virgen y una parte de la
túnica que, como la del Niño, es color pajizo"
El cacique Coromoto muere picado por una serpiente, pero arrepentido e
invitando a todos a bautizarse y aceptar a la Señora. La fama y el culto de
la imagen se hicieron tan notorios, que el párroco de la Villa, Diego de
Lozano, ordenó que la trajeran con toda solemnidad a Guanare; lo cual se
verificó el 1 de febrero de 1654, víspera de la Purificación y Presentación
de Nuestra Señora.
Después de esto se edificó una capilla el 26 de agosto de 1698, gracias a
Santiago López, Simón Sánchez y Pablo Pérez, vecinos de Tucupido, junto con
Marcos Paredes de San Nicolás, conducidos por el cacique Gaspar Tabares,
para que con el tiempo la devoción y la fe dieran culto y testimonio de lo
que hoy es el Santuario a la Virgen de Coromoto.
Esta recopilación y actualización sirve para destacar dos cosas muy
importantes.
María, la Virgen Santísima, en el nombre de la Coromoto es auténtica y la
única imagen que aparece dentro de un marco que se comprueba y se tienen
datos bien precisos.
María, la Virgen de Coromoto, se aparece dentro de un ambiente familiar. En
una humilde choza de indígenas. María sigue siendo la gran Maestra que enseña
el valor de la familia como fundamento y sustento de toda la catequesis.
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